El Apagón

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Hoy en gran parte de Montevideo hubo un apagón por una falla eléctrica. Aproveché ese momento para experimentar vivir unas horas desconectada de los aparatos.

El silencio es lo primero que impresiona: ya no se escucha el motor de la heladera, ni la tele del vecino, ni el taladro de la obra de la esquina. Todo parece detenerse.

Sin luz no había internet, por lo cual salí de la computadora para realizar otras tareas. Recordé como era cuando era chica que no teníamos tantas distracciones, dentro de las casas hacíamos tareas simples como leer, ordenar, conversar, barrer, doblar ropa, y no había esa sensación que nos persigue ahora de “tener que terminar esto rápido para poder hacer aquello otro.”

 

Amo la tecnología, el internet y todas sus posibilidades, pero el apagón me hizo recordar la tranquilidad que se siente al tener menos opciones, menos distracciones. No hay ningún apuro, no me estoy perdiendo de nada en ningún lado.

Así como en la alimentación de vez en cuando hace bien ayunar, también me gustaría incorporar la práctica de ayunar de tecnología, aunque sea unas horas a la semana, y así ver que otros mundos posibles aparecen. Como si un artista que pinta hace años con los mismos colores de pronto se animara a cambiar de paleta, permitiéndose explorar otros universos.

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